MUSEO DE LOS CONCILIOS Y LA CULTURA VISIGODA : UN VIAJE AL TOLEDO MÁS DESCONOCIDO.

 

"Si crees que la historia de Toledo empieza con musulmanes, judíos y cristianos, este museo te demostrará que aún queda una capa más por descubrir."

Cuando pensamos en Toledo solemos imaginar callejuelas medievales, espadas, sinagogas, mezquitas y grandes iglesias. Sin embargo, existe un periodo de su historia que a menudo pasa desapercibido: la época visigoda, cuando la ciudad fue nada menos que la capital del reino visigodo de Hispania.

Para descubrir ese capítulo de la historia toledana hay que acercarse al Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda, ubicado en la impresionante iglesia de San Román. Y aquí viene lo mejor: el continente es casi tan fascinante como el contenido.

Puerta norte.

Puerta sur, actual entrada al monumento.

La iglesia de San Román: una joya en sí misma

Antes de fijarte en las vitrinas, merece la pena levantar la vista. La iglesia de San Román ocupa el lugar donde antiguamente existió una mezquita musulmana y fue construida en el siglo XIII siguiendo los modelos mudéjares tan característicos de Toledo.

Sus tres naves, los elegantes arcos de herradura y la cálida estructura de madera crean un espacio que transmite una sensación muy especial. Es uno de esos lugares donde se aprecia perfectamente cómo las distintas culturas que pasaron por Toledo fueron dejando su huella unas sobre otras.












De hecho, muchos de los capiteles que hoy podemos contemplar pertenecieron a edificios romanos y visigodos anteriores. Fueron reutilizados primero en la mezquita y después en la iglesia, convirtiéndose en auténticos supervivientes de siglos de historia.

La cabecera del templo también merece atención. Fue reformada posteriormente en estilo plateresco y su cúpula fue diseñada por Alonso de Covarrubias uno de los grandes arquitectos del Renacimiento español. Sustituye al antiguo ábside medieval 

La secuencia espacial se organiza en varios ámbitos. En primer término aparece un ochavo cubierto por una bóveda de crucería con terceletes, cuyos nervios y claves descansan sobre ménsulas. 

Se cubre con una magnífica cúpula plateresca que carece de tambor y linterna y se apoya sobre cuatro pechinas decoradas con tondos sostenidos por putti. En ellos aparecen figuras bíblicas como David, Isaías, Abacuc y Agar. La media naranja está ornamentada con casetones que convergen en una venera central, mientras que los anillos decorativos presentan bustos humanos, rosetas y querubines.

Cada lateral se organiza en torno a un óculo decorado con grutescos. Debajo se abren ventanas polilobuladas enmarcadas por alfices de tradición mudéjar, reflejando la convivencia entre elementos renacentistas y mudéjares. 

A ambos lados se sitúan una cariátide y un telamón que actúan como soportes simbólicos de la cúpula.

En conjunto, la cabecera de San Román combina la monumentalidad renacentista de Covarrubias con elementos decorativos platerescos y reminiscencias mudéjares, constituyendo una de las intervenciones más sobresalientes del siglo XVI en Toledo. 






Al fondo una armadura de madera mudéjar de par y nudillo.





Óculo central decorado con grutescos, debajo del cual aparecen unas ventanas polilobuladas enmarcadas con alfiz de estilo mudéjar, en su interior pintura románica con la figura de un ángel en el derrame de una de las cuatro ventanas. El ángel se presenta vestido de blanco sobre un fondo ocre rojizo, con las alas extendidas hacia arriba, como intentando remontar el vuelo.





Un techo que cuenta historias

Otro de los grandes tesoros de San Román son sus pinturas murales. Se distribuyen por muros, arcos y diferentes rincones del templo, creando una auténtica galería medieval.

Pinturas del muro occidental de la nave central. En la parte superior aparecen dos personajes con trompetas anunciando el acto. A continuación se dibujan los profetas Isaías y Jeremías (flanqueando los dos vanos con arcos herradura túmidos decorados con letras arábigas) y una ventana adintelada en el centro. Mas abajo, sobre un fondo arbolado se distinguen a los doce apóstoles alineados frontalmente y a continuación otros doce personajes vestidos de blanco con las manos escondidas. 

Aunque durante mucho tiempo se les ha atribuido un marcado carácter mudéjar, en realidad conservan una fuerte tradición tardorrománica.

Al fondo una serie de pinturas religiosas con figuras de los evangelistas, los Padres de la Iglesia y algunos santos. Los evangelistas aparecen representados con rasgos antropozoomórficos, sentados escribiendo ante atriles y mirando hacia el altar principal. Se identifican como San Marcos (cabeza de león), San Mateo (ángel), San Lucas (toro) y San Juan (águila), este último situado en un muro contiguo por falta de espacio.

Debajo de ellos se encuentran los llamados Padres Confesores: San Eugenio, San Isidoro y San Gregorio, representados como obispos con mitra y báculo. Sus figuras, de gran frontalidad y rigidez, muestran influencia del arte bizantino y de la pintura italiana y griega de los siglos XII y XIII. Simbolizan a los Padres de la Iglesia, escritores cristianos que defendieron públicamente la fe y fueron canonizados, aunque no llegaron a ser mártires.


En el intradós del arco aparecen San Esteban y San Lorenzo, reconocibles por sus cabezas tonsuradas.

Pareja de ángeles turifarios situados en el tímpano de una antigua puerta, actualmente cegada.

Entre las escenas más llamativas destacan la Resurrección de los Muertos.

Siguiendo el muro, aparece esta peculiar composición, protagonizada por los ángeles, que representan en la parte superior el ámbito celestial, bajo el cual se sitúa el terrenal, con los difuntos emergiendo de sus ataúdes. El ángel central, vestido de blanco, junta las manos dirigiéndose a un espacio hoy vacío, pero en el que se vislumbra lo que pudo ser un círculo, en cuyo interior, en su momento, estaría la figura de Cristo o la mano divina, que se echan en falta en la composición. En el extremo, un ángel vestido de rojo mira hacia la izquierda y toca una trompeta con la intención de despertar a los muertos, dando así la señal de la resurrección. Los muertos emergen todos juntos de sus tumbas, con las tapas levantadas, distinguiéndose hombres y mujeres. Todos los ataúdes están colocados en idéntica posición, con la cabeza hacia occidente y centrando su atención en el ángel vestido de blanco. 

 

Sobre el muro occidental de esta misma nave, sobre la puerta que da acceso a una antigua capilla y que rompe parcialmente las pinturas.

Encontramos dos reyes coronados, posiblemente las figuras bíblicas de David y Salomón. 

Debajo de ellos aparece la escena del pecado original, representado por el árbol del paraíso con unas hojas muy carnosas rodeando el tronco. Junto a él, Eva en actitud pudorosa, cubriéndose el sexo, ante la presencia de Dios, representado imberbe y con nimbo crucífero. En la parte inferior de la escena podemos leer la palabra edén en caracteres góticos.

Pero si hay una imagen capaz de captar todas las miradas es la de un ángel enfrentándose a un enorme dragón, una escena llena de fuerza y simbolismo que parece sacada de un manuscrito medieval.

 

Pinturas murales que representan El Santo Entierro sobre el vano que da paso al ábside, en la nave del evangelio.

Situada junto a la puerta de acceso a la iglesia, y llevando al Niño sobre el hombro, la figura de San Cristóbal aparece atravesando un río y caminando apoyado en un palo rematado por una copa de árbol.  Acerca de esta figura había dos creencias muy extendidas entre la población , Cristóbal significa «el que lleva a Cristo». La devoción a San Cristóbal tuvo gran auge después de la Edad Media, y se convirtió en el patrón de los viajeros, caminantes, arrieros, barqueros, marineros y transportistas.  

La pintura situadas encima de la puerta de acceso al templo. Representa la figura del Pantocrátor inacabado, sentado en un trono, dentro de un círculo, que no mandorla, rodeada por el tetramorfos, casi inapreciable.

Las huellas de los visigodos

El museo abrió sus puertas en 1971, aunque había sido creado unos años antes, en 1969. Su objetivo era reunir y mostrar los restos arqueológicos que ayudan a comprender la importancia de Toledo como capital del reino visigodo.

Entre las piezas originales destacan capiteles, frisos decorados, canceles, inscripciones epigráficas y numerosos objetos de uso cotidiano y personal. Hebillas, fíbulas, anillos, collares y broches permiten acercarse a la vida de una sociedad que gobernó gran parte de la Península antes de la llegada de los musulmanes.

También llaman especialmente la atención las reproducciones de las famosas coronas votivas del Tesoro de Guarrazar, uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia de España. Aunque las piezas originales se encuentran repartidas entre varios museos, entre ellos el MAN, (que remitimos a nuestro blog) estas copias permiten hacerse una idea de la espectacular riqueza artística alcanzada por los visigodos.

Puerta de acceso a la sala del baptisterio, abierta en la primera capilla de la nave epístola. Realizada totalmente en ladrillo, posee una curva polilobulada de doble arco, en cuyo intradós aún se aprecian las yeserías policromadas con mocárabes que de manera simbólica representan la Creación, que revelan una cronología algo más avanzada, perteneciente ya al S. XIV. 

Puerta de acceso a la sala del baptisterio, abierta en la primera capilla de la nave epístola. 

Realizada totalmente en ladrillo, posee un arco polilobulado de doble arco, en cuyo intradós aún se aprecian las yeserías policromadas con mocárabes, que denuncian una cronología algo más avanzada, perteneciente ya al S. XIV.




Un sarcófago visigodo que aún conserva  la estética paleocristiana, constituyendo un ejemplo de la escultura religiosa de la época. La iconografía de estos sarcófagos sufre una transformación a raíz del Edicto de Milán, sustituyéndose los motivos paganos por otros sacados del Antiguo y Nuevo Testamento. Ejemplo de ello son las escenas de Adán y Eva en el Paraíso, La Degollación de los Santos Inocentes o La Adoración de los Magos que se pueden apreciar.

Mucho más que un museo

Lo que hace especial esta visita es que aquí no solo se contemplan objetos antiguos dentro de vitrinas. La propia iglesia forma parte del discurso histórico. Cada columna, cada arco y cada pintura recuerdan que Toledo es una ciudad construida sobre capas sucesivas de culturas.

San Román es probablemente uno de los mejores lugares para entender esa superposición histórica tan característica de la ciudad. En un mismo espacio conviven recuerdos romanos, vestigios visigodos, influencias islámicas, arquitectura mudéjar y transformaciones cristianas posteriores.

Además, la tradición sitúa aquí un episodio importante de la historia castellana: la proclamación de Alfonso VIII como heredero de Castilla en el año 1161 por el alcalde toledano Esteban Illán, , cuyo sepulcro se conserva en una de las capillas del templo.

A veces los lugares más interesantes son precisamente aquellos que no aparecen en todas las listas imprescindibles. Y el Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda es uno de ellos.



 

INFORMACIÓN RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://cultura.castillalamancha.es/museos/nuestros-museos/museo-de-los-concilios

https://www.man.es/man/dam/jcr:b95591e5-d3c8-4b91-b1d1-81766872751c/man-bol-2017-35-110.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_los_Concilios_y_de_la_Cultura_Visigoda

https://www.turismocastillalamancha.es/es/cultura-y-patrimonio/museos/toledo/museo-de-los-concilios-y-la-cultura-visigoda-(iglesia-de-san-roman)

https://www.turismo-prerromanico.com/home-b__trashed-2__trashed-2__trashed-2-2-2/monumento/museo-de-los-concilios-y-de-la-cultura-visigoda-20151111114933/

https://cultura.castillalamancha.es/sites/default/files/2024-02/MUSEO_DE_LOS_CONCILIOS_Y_LA_CULTURA_VISIGODA.pdf

https://www.arteguias.com/museo/conciliosculturavisigoda.htm

https://www.arteguias.com/iglesia/sanromantoledo.htm

 

 

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