COLEGIATA DE SAN BARTOLOMÉ, BELMONTE

La majestuosa Colegiata de San Bartolomé es uno de los grandes tesoros monumentales de la  inmortal villa de Belmonte. Porque, aunque el castillo suele acaparar buena parte de las miradas, esta iglesia no se queda precisamente atrás: basta detenerse unos minutos ante sus muros para comprender que aquí la piedra lleva muchos siglos guardando historias.

Conocida cariñosamente como la CATEDRAL DE LA MANCHA, fue levantada en el siglo XV, por impulso de Juan Pacheco, I marqués de Villena, sobre el solar de una antigua iglesia de origen visigodo. En 1459 recibió, mediante bula del papa Pío II, el rango de colegiata y fue consagrada al año siguiente bajo la advocación de San Bartolomé. Por aquí dejaron su huella algunos de los mejores maestros de su tiempo, como Hanequín de Bruselas (Catedral de Toledo), Egas Cueman (Palacio del Infantado; Catedral de Toledo; Monasterio del Parral), Andrés de Vandelvira (Catedral de Cuenca; Catedral de Baeza; Palacio de Jablaquinto)o Esteban Jamete (Alarcón), dando forma a uno de los conjuntos más interesantes del gótico final castellano.

Antes de cruzar el umbral, dedicamos un buen rato a recorrer y fotografiar su exterior, donde la piedra castellana cobra vida bajo la luz manchega.

La PUERTA DE LOS PERDONES, situada al oeste, recibe al visitante bajo la mirada de San Bartolomé, colocado sobre el parteluz como si llevara siglos dando la bienvenida —o, como su propio nombre indica, concediendo el perdón— a quienes atravesaban sus puertas.

Al acercarnos a esta fachada principal, descubrimos grabado en el sillar de piedra un grabado sombrío y misterioso: una CRUZ TUMULARIA (o cruz de duelo). La tradición dictaba que si un hombre fallecía en un duelo de honor, al haber incurrido en el pecado mortal de la violencia deliberada sin confesión final, no podía recibir cristiana sepultura en el interior sagrado del templo. Como memoria piadosa y testimonio de su trágico fin, se cincelaba esta cruz en el muro exterior de la iglesia para que las almas piadosas rezaran por él desde el exterior.

La otra, la PUERTA DEL SOL, abierta hacia el mediodía, combina el gótico florido con añadidos platerescos realizados en el siglo XVI y está presidida hoy por una imagen gótica de San Andrés.


Si os fijáis en la puerta, notaréis enseguida un detalle insólito: ¡su preciosa ALDABA está colocada a una altura casi imposible para un peatón! Y sí, las aldabas o llamadores situados a tanta altura estaban pensados para ser utilizados por personas montadas a caballo. En la época medieval y renacentista, los caballeros e hidalgos no necesitaban descabalgar para llamar a la puerta o solicitar asilo y entrada. Un toque firme desde los estribos y las pesadas hojas de madera se abrían paso para el jinete.

Y, como siempre, hay un aspecto que para nosotros resulta especialmente importante: pudimos realizar la visita en silla de ruedas, recorriendo el interior y disfrutando de buena parte de este extraordinario patrimonio.

Nada más entrar, la mirada se eleva casi por instinto. 

La Colegiata está formada por tres amplias naves, separadas por robustos pilares circulares que sostienen arcos apuntados y bóvedas de crucería. Las claves y apoyos de las bóvedas aparecen salpicados de referencias heráldicas vinculadas al linaje de los Pacheco, recordándonos que en este templo la fe y el poder caminaron durante siglos bastante más cerca de lo que a primera vista pudiera parecer.






Pero nosotros decidimos no seguir exactamente el orden que marcaba el plano. ¿Para qué convertir una visita en una carrera de casillas? Preferimos recorrerla a nuestro aire, dejando que fueran las capillas, los retablos y nuestra propia curiosidad quienes marcaran el camino.

Iniciamos la visita en la CAPILLA DE SANTIAGO rindiendo homenaje al Apóstol en su retablo, obra del escultor Pedro de Villadiego. Esta capilla refleja la profunda vinculación de Belmonte con la Orden de Santiago de la cual don Juan Pacheco fue Gran Maestre. Fundada en 1558 por Francisco de Espinosa y Catalina de Hervías. Su arquitectura, de aire renacentista y con influencias flamencas, fue realizada por Andrés de Vandelvira, uno de los grandes nombres de la arquitectura del Renacimiento español. 



La magnífica reja que cierra la capilla fue realizada por Hernando de Arenas, uno de los grandes maestros de la rejería vinculados a la CATEDRAL DE CUENCA (enlace a nuestra publicación).

Continuamos hacia la CAPILLA DEL SANTO SEPULCRO, construida en la base de la torre. Aquí el ambiente cambia por completo. El retablo barroco, realizado en 1708 por Juan Antonio del Monte Ortiz y con su característica policromía oscura, sirve de escenario a varias imágenes de gran interés. Preside el conjunto la Virgen de la Soledad y, bajo ella, aparece la imagen del Santo Sepulcro. A un lado contemplamos a la Virgen de los Dolores, obra del escultor Pascual de Mena, y al otro a María Magdalena, atribuida a Salvador Carmona. Un rincón donde el dramatismo religioso parece haberse quedado a vivir.

Después llegamos a la CAPILLA DE LA ASUNCIÓN, fundada por Gregorio Osorio. Su bóveda llama especialmente la atención por ser la única de la Colegiata con forma de media naranja. El protagonismo lo comparte con un elegante retablo barroco de 1741 dedicado a la Virgen de los Remedios, realizado por Pedro Fernández, discípulo de Jaime Bort, autor de la portada de la CATEDRAL DE MURCIA. También merece una buena fotografía —y unas cuantas miradas— la reja de Sebastián Lemosín, maestro rejero de la CATEDRAL DE CUENCA (enlace a nuestra publicación).

Seguimos hasta la CAPILLA DE SAN JUAN BAUTISTA, una de las más antiguas del conjunto, fundada en 1451 por Diego Muñoz. A un lado encontramos el llamado Retablo de Campaña del marqués de Villena, de estilo flamenco y dedicado a San Juan Bautista; al otro, el retablo de la Cátedra de San Pedro, realizado en 1506 por Juan Gómez. Todo ello protegido por una interesante reja gótica rematada en puntiagudos florones.

No muy lejos nos detuvimos ante el ALTAR DE LA VIRGEN DE LA ANTIGUA, presidido por un lienzo considerado una de las obras más interesantes de la Colegiata. Fue traído a Belmonte en 1601 por Cristóbal del Castillo y reproduce la célebre advocación sevillana de la Virgen de la Antigua. Una de esas imágenes ante las que uno se para primero por curiosidad y termina quedándose un rato más de lo previsto.


El siguiente alto en nuestro camino fue el ALTAR DE SAN JUAN DEL CASTILLO, santo nacido en Belmonte y bautizado precisamente en esta Colegiata en 1595. Fue misionero jesuita en Paraguay y murió mártir, siendo canonizado en 1988 junto a Roque González y Alonso Rodríguez. Un detalle que añade todavía más significado a la visita: en esta iglesia no solo se conservan grandes obras de arte, sino también el recuerdo de un personaje cuya historia viajó mucho más lejos de estas tierras manchegas.

Llegamos después a la CAPILLA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LOS PELIGROS, fundada en 1715 por el pueblo de Belmonte y el Cabildo de la Colegiata para custodiar una imagen de enorme devoción popular. El protagonista es un Cristo crucificado realizado en marfil, llegado desde Filipinas como regalo al belmonteño fray Juan de Jesús, prior general de los agustinos. Una historia que demuestra que, incluso en pleno corazón de La Mancha, el mundo podía resultar mucho más grande de lo que parece… y, al mismo tiempo, estar sorprendentemente cerca.

Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos al corazón espiritual y monumental de la colegiata: la CAPILLA MAYOR. Su planta poligonal y su magnífica bóveda de crucería, atribuida a la intervención de Egas Cueman y su hermano Hanequín de Bruselas, crean un escenario solemne que invita a levantar la mirada hacia esa telaraña de piedra esculpida en las alturas.


Pero aquí los ojos terminan inevitablemente descendiendo hacia los laterales, donde se encuentran cuatro impresionantes ESCULTURAS FUNERARIAS de alabastro bajo arcosolios de decoración flamígera.

A un lado descansan Juan Fernández Pacheco e Inés Téllez de Meneses, abuelos maternos de Juan Pacheco.


Al otro, Alfonso Téllez Girón y María Pacheco, sus padres. Los cuatro aparecen representados en actitud orante, convertidos en piedra y alabastro, pero conservando una serenidad que parece desafiar al paso de los siglos. Allí están, en silencio, formando una auténtica galería familiar de la poderosa casa de los Pacheco, la misma que dejó una profunda huella en la historia de Belmonte y del antiguo marquesado de Villena.


Presidiendo la capilla se encuentra el RETABLO MAYOR, dedicado a San Bartolomé. Es una obra de comienzos del siglo XVII realizada por Hernando de Espinosa y posteriormente policromada por Gregorio Quintana. Entre esculturas y relieves, el patrón de la Colegiata ocupa el lugar principal de un conjunto que parece resumir buena parte de la historia del templo: gótico en su arquitectura, renacentista y barroco en muchas de sus obras, y siempre con esa acumulación de siglos que hace que cada rincón tenga algo que contar.

Dejando a un lado la Capilla Mayor continuamos hacia la CAPILLA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, que originalmente estuvo dedicada a Santa Catalina de Alejandría, cuya imagen todavía puede verse en la clave de la bóveda. En 1594 cambió su advocación y poco después recibió un impresionante lienzo dedicado a la Santísima Trinidad, obra del pintor genovés Bartolomé Matarana, fechado en 1595.


La siguiente fue la CAPILLA DE LA PURIFICACIÓN, fundada en 1560 por Jerónimo de Guedeja, racionero y mayordomo de la Colegiata. Su arquitectura plateresca fue diseñada por Esteban Jamete, y en ella destaca el retablo dedicado a la Purificación de la Virgen, obra de Giraldo de Flugo

Todo el conjunto queda protegido por otra magnífica reja de Hernando de Arenas, porque en Belmonte hasta las capillas parecen haber decidido competir entre ellas para ver cuál conserva los mejores trabajos de forja.

Continuamos nuestro recorrido deteniéndonos en la CAPILLA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, fundada por don Diego de Hinestrosa, prior de la propia Colegiata. Nada más levantar la vista, el techo también reclama nuestra atención, con su bóveda de crucería y la presencia, en su clave, del escudo del marquesado de Villena, recordándonos una vez más la estrecha relación de esta familia con la historia y la construcción del templo.

Pero si hay algo que acapara inevitablemente las miradas es el espectacular retablo barroco de estilo churrigueresco, realizado en 1719. Dorado y de una exuberancia decorativa difícil de ignorar, ocupa todo el muro frontal de la capilla y parece querer demostrar que, en cuestiones de ornamentación, en el siglo XVIII aquello de «menos es más» todavía no había llegado a Belmonte. La capilla guarda además otras piezas de interés. A un lado se encuentran dos arcos en las que destaca la imagen de San Pedro cortando la oreja a Malco, obra de Leonardo Martínez Bueno, realizada en 1944; mientras que en el lado opuesto se conserva un magnífico Calvario flamenco del siglo XV, una de esas joyas que invitan a detenerse un poco más de lo previsto. La capilla queda cerrada por una reja atribuida a JuanFrancés, maestro rejero vinculado a la CATEDRAL DE TOLEDO (enlace a nuestra publicación).

Y todavía nos esperaba la CAPILLA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL, fundada a mediados del siglo XVI por Gabriel Vázquez. Aquí encontramos un altar renacentista de piedra policromada que enmarca un hermoso lienzo de San Miguel, representado como guerrero, con las alas desplegadas y los ropajes movidos por el viento. La pintura está atribuida a Bartolomé Matarana y transmite esa mezcla de fuerza y elegancia que suele acompañar a las representaciones del arcángel.

Y fue precisamente por aquí donde nos encontramos con aquel curioso confesionario que, cómo no, aprovechamos para hacer una de esas pequeñas bromas que siempre terminan formando parte del recuerdo de la visita. Por un momento me situé al otro lado, fingiendo escuchar la confesión de algún pecador arrepentido, aunque me temo que el secreto de confesión quedó a salvo.

También nos llamaron la atención las numerosas sepulturas que se conservan en el suelo de la llamada Vía Sacra, testigos silenciosos de quienes encontraron allí su último descanso. Entre las inscripciones, llegamos incluso a distinguir el nombre de VIVERO, un pequeño detalle que no podía pasar desapercibido para unos viajeros gallegos como nosotros.

Pero si hay un rincón de la Colegiata capaz de dejar al visitante con la boca abierta, ese es, sin duda, su extraordinario CORO.

Tallado en madera de nogal por Egas Cueman y su hermano Hanequín de Bruselas, y fechado en 1454, está considerado el coro historiado más antiguo de España. Y como si eso no fuera suficiente para convertirlo en una de las grandes joyas del templo, resulta que ni siquiera fue realizado originalmente para Belmonte: perteneció a la CATEDRAL DE CUENCA (enlace a nuestra publicación) y fue trasladado a la Colegiata a comienzos del siglo XVIII.

Recorrerlo con la mirada es como abrir una Biblia tallada en madera. En sus respaldos se suceden escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, personajes, episodios y detalles que convierten cada sitial en una pequeña obra de arte.

Y allí estaba también el órgano barroco, realizado por Julián Alcarria en 1718. Sus tubos fueron destruidos durante la Guerra Civil para fabricar metralla, aunque el instrumento fue restaurado en 1992 y volvió a recuperar su voz. Una historia que, por sí sola, daría para otra publicación.

Seguimos después hacia la CAPILLA DE LA INMACULADA, fundada por el noble belmonteño Juan Cisneros. Su arquitectura, realizada por Juan de Homa en 1518, guarda dos piezas que llaman especialmente la atención. Por un lado, el retablo de la Inmaculada, una obra de pintura sobre tabla atribuida a Juan de Borgoña y fechada en 1522; por otro, el Cristo amarrado a la columna, obra de Francisco Salzillo realizada en 1752. Dos estilos y dos maneras muy diferentes de entender el arte religioso reunidas frente a frente.

También nos detuvimos en la CAPILLA DE LA ANUNCIACIÓN, fundada en 1531 por Juan de León, tío-abuelo de Fray Luis de León. Su interior destaca por la bella bóveda de crucería estrellada, de curiosa decoración, y por su magnífico retablo renacentista plateresco, fechado en 1546 y dedicado a la Anunciación. 

Allí encontramos el conjunto escultórico del Entierro de Cristo, del siglo XVI, junto a los sepulcros de Gómez de León y Leonor de Tapia, abuelos de Fray Luis de León




La capilla se cierra con una espectacular reja renacentista de Hernando de Arenas, decorada con medallones y motivos de gran riqueza ornamental.

Y nuestro recorrido fue llegando a su final en la CAPILLA DEL BAUTISMO, fundada en 1591.

Allí se conserva una de las piezas con mayor carga histórica de toda la Colegiata: la PILA BAUTISMAL de piedra del siglo XV, vinculada a Egas Cueman y Hanequín de Bruselas. En ella fue bautizado en 1527 Fray Luis de León, uno de los grandes escritores y humanistas del Renacimiento español. También recibió aquí las aguas bautismales San Juan del Castillo y numerosos descendientes de Juan Pacheco. Contemplar aquella pila produce una sensación curiosa: uno sabe que está ante una pieza de piedra, pero cuesta no imaginar todos los siglos y todas las vidas que han pasado a su alrededor.

Antes de cruzar el portón de salida hacia la luz manchega, todavía nos quedaba una última parada: el TRASCORO, la parte posterior de esa magnífica sillería. Allí encontramos tres altares. El primero está dedicado a las Ánimas y muestra una escena del Purgatorio; le sigue un altar rococó de la Inmaculada, fechado en 1764, y finalmente el altar de San Blas, representado con sus vestiduras episcopales.


Y fue precisamente antes de marcharnos, cuando volvimos la vista atrás. Porque visitar esta Colegiata de San Bartolomé no es simplemente entrar en una iglesia y salir después de hacer unas cuantas fotografías. Es recorrer más de cinco siglos de historia, detenerse ante obras creadas por algunos de los mejores artistas de su tiempo, pasar junto a las tumbas de una de las familias más poderosas de Castilla, o descubrir la pila bautismal donde fue bautizado Fray Luis de León.

TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Colegiata_de_San_Bartolom%C3%A9

https://colegiatadebelmonte.com/

https://belmontehistoria.es/gestion/monuments/COLEGIATA-DE-BELMONTE.pdf

https://cultura.castillalamancha.es/patrimonio/catalogo-patrimonio-cultural/colegiata-de-belmonte

https://www.turismocastillalamancha.es/es/cultura-y-patrimonio/iglesias/cuenca/iglesia-colegial-de-san-bartolome-de-belmonte

https://belmonteturismo.es/colegiata-de-san-bartolome

https://www.belmonte.es/municipio/historia/

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